El cazador ha de marchar por los pasos habituales de la liebre en su cantón o distrito.
Quien salga a la caza de liebres debe tratar de buscar, ante todo, el indicio de los excrementos, sobre todos los líquidos, si son frescos, tenga la seguridad de que la pieza está a pocos pasos. Mano sobre mano la podrá hacer saltar o levantar sin defectos.
Y tenga en cuenta, también, que si deja de mirar hacia atrás es bastante probable que, al pasar junto a ella, sin descubrirla, el animal arrancará sigilosamente, y cuando el cazador le pegue el ojo, ya estará fuera de tiro.
También debe saber el cazador que toda liebre que al verse descubierta deja la cama, sale encogida y con las orejas pegadas al lomo, recorre un trecho de unos 25 pasos, se estira y luego, irguiendo las orejas, da unos saltos de más de un metro. Otras saltan del encame haciendo regates y no emprende la recta hasta decena de metros.
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