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Caza

La agachadiza o becacina, al igual que la becada, tiene fervientes adeptos que le rinden culto único. Suscitan un interés tal que son muchos los cazadores que cada año efectúan largos desplazamientos para saciar esta pasión devoradora. Es una caza excepcional. La belleza de esta limícola, verdadera becada en miniatura, su rareza, la dificultad de aproximarse a ella en magníficos parajes, el trabajo formidable del perro, hacen que la caza de la agachadiza sea, a los ojos de muchos cazadores, la reina de las cazas.

Caza al salto

Practicada en solitario o con un compañero, equipados ambos con botas de agua, praderas húmedas, riberas de estanques. Se trata de una caza muy deportiva que exige buenas condiciones físicas.

Todos los cazadores que la han practicado conocen las largas caminatas, durante horas, por marismas y arrozales, terrenos blandos y resbaladizos, agotadores en definitiva; pero ir recogiendo pájaros, aun al precio de muchos esfuerzos, es una maravillosa recompensa.

El “becacinero” debe conocer los cazaderos que, por diversas razones, como la hora del día, la estación o las condiciones atmosféricas, sean más convenientes.

Tiro

Considerado uno de los más difíciles, a veces incluso acrobático, por lo resbaladizo y blando de los terrenos donde se caza. Aquí también se enfrentan varias escuelas.

Algunos cazadores prefieren esperar con tranquilidad a que el pájaro efectúe sus primeros virajes antes de tirar, es decir, después de un rápido zigzag. Esta modalidad es muy arriesgada, más si se tiene en cuenta que la distancia media de vuelo es de 30 m. Esperar algunos instantes significa soltar el disparo fuera del alcance. Parece más razonable adoptar la táctica aconsejada por los verdaderos cazadores de becacina, que consiste, por el contrario en tirar lo más rápido posible, a tenazón. Esto supone unos reflejos excelentes, una escopeta con la culata bien adaptada a la morfología del tirador, correctamente equilibrada y, sobre todo, ligera para encararla al instante. Los adeptos a este sistema consideran que este tiro es instintivo, que exige un hábito arraigado, permite impactar al pájaro en los primeros metros de vuelo, antes de poder iniciar sus fulgurantes virages.

Los plomos más usados son los de los números 8 y 9. A finales de la temporada o en batida, con tiros a larga distancia, ciertos cazadores utilizan el 6.

Caza a la espera

Se practica a la pasa, cuando las becacinas se dirigen a las zonas de pasto. Algunos cazadores llegan a tirar imitando su grito y atrayéndolas a su puesto. Este tiro es un desafío a los reflejos humanos. Efectivamente, el pájaro cae como una piedra, para remontar veloz, en vertical, si el primer disparo ha sido fallado.